¿Qué nos depara el 2015?

Que nos depara el 2015 en Europa

Por ahora, el año comienza de la peor forma posible, con un ataque terrorista que ha costado la vida a los trabajadores del semanario Charlie Hebdo y que por su brutalidad se nos hace incomprensible desde cualquier punto de vista. Las imágenes nos dejan sin palabras y con un sentimiento de impotencia ante tanto terror y maldad. Un suceso que tendrá repercursiones -no sabemos cuáles- en la Francia de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

En lo político, la situación es de mucha incertidumbre, el ascenso en intención de voto de partidos populistas (tanto de derechas como de izquierdas) en Grecia, España, Francia, Italia y Holanda, sumado al posible adelanto del referéndum en Reino Unido sobre  la continuidad en la UE y, la debilidad política en Portugal hacen que los cimientos de la UE se vean amenazados seriamente.

En lo económico, la situación no es mucho mejor y alimenta el rumbo político con la frase “demasiado es demasiado”. Europa está estancada (no crece), con deflación (la demanda no tira del carro), con deuda soberana y privada muy elevada (sacrificios para el pago de intereses), y con un alto nivel de desempleo ( exige sacrificios para mantener los seguros de desempleo).

En lo social, desde la crisis de 2008, la situación no ha hecho más que empeorar tanto en los niveles de pobreza como de desigualdad. Los ciudadanos están cansados de escuchar que la única solución es el ajuste y comienzan a pensar que la única solución es menos Europa, opinión más extendida entre los que forman la Eurozona. El horizonte no parece ser muy bueno pues a estos niveles algunas estadísticas indican que el nivel de vida en 2015 en términos medios puede haber caído un 18% desde el 2008; y, si excluimos Alemania, Reino Unido y los Países nórdicos la situación es realmente preocupante. Piketty se ha convertido en el gurú de toda el ala izquierda que clama una vuelta a una economía mas humana y mas igualitaria.

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Algunos economistas como N. Roubini han destacado la fragilidad del momento en que se encuentra Europa, especialmente cuando se la compara con Estados Unidos pero también hay diferencias con el caso de Japón.

En el primer caso considera que son tantas las diferencias con Estados Unidos, que Europa se encuentra en una situación donde realmente no puede hacer frente a los problemas que son necesarios superar para mantener el Euro: la demografía de un continente envejecido que se dirige a la insostenibilidad ( en 2060 puede alcanzar el 60%); la geografía no ayuda ( Europa sigue siendo un conjunto de países heterogéneo); el libre movimiento de personas y capitales está restringido por cuestiones lingüísticas, culturales, legales; la asimetría entre las países es enorme: mientras un grupo gasta (Grecia, Portugal, Italia..), otro grupo debe ahorrar (Alemania, Holanda, etc.) y por último la incoherencia de un área monetaria óptima (no existe unión fiscal ni política -en términos reales de soberanía-).

Éstos y otros factores explican la forma de hacer política en la UE y más específicamente la forma de hacer política monetaria. El BCE lo esta haciendo todo, absolutamente todo, con un retraso considerable: la política monetaria activa, la supervisión bancaria, la expansión monetaria, etc.

Frente a estos argumentos están los que dicen que la situación será similar a la de Japón ,pero hay una pequeña – gran diferencia- y es que Japón no tuvo la crisis de deuda de Europa porque supo monetizar su deuda imprimiendo dinero en una economía única. El BCE no puede hacer esto simplemente porque la divergencia entre países hace imposible un consenso y adoptar una estrategia coherente a la hora de actuar. Sólo con palabras de “súper Mario” no se puede hacer frente a una situación como esta.

En estos días, se decidirá el futuro político de Grecia y si las cosas salen mal (esto es, que gane Syriza con planteamientos radicales) es posible que la salida del país heleno del Euro comience a plantearse seriamente, pues la devaluación es, al fin y al cabo, la primera herramienta a mano cuando uno se encuentra en una situación desesperada. Es cierto que el Euro ya lo esta haciendo (devaluándose), pero esto no puede tener mucho recorrido pues la asimetría entre países saldría a la luz y veríamos como para un país como Alemania un euro/dólar de 1,50 es una buena medida mientras que para las países del Sur de Europa es posible que el equilibrio se encuentre en una banda de 1,10-0,9.

Con estos mimbres la pregunta es qué hacer y luego cómo hacerlo. Mucho me temo que no tenemos demasiadas respuestas para la primera pregunta y llegado el caso de una decisión concreta tampoco tenemos respuesta para la segunda pregunta.

Pero siempre hay optimistas que piensan que tirando para adelante la situación cambiará y los astros nos serán favorables: pues a siete años de vacas flacas le siguen siete años de vacas gordas; pero como decía un amigo mío no vaya a ser que estos años fueron lo de las vacas gordas.

Las soluciones no son fáciles, pero debemos entender que el ciclo político económico es difícil de predecir. A medida que continúe el ajuste, la política será populista y, a medida que la política sea populista la culpa será de Europa. Quizás sea el momento de reflexionar sobre un avance en materia fiscal que nos haga mas iguales pues de esa forma podremos hacer una política económica coherente con dos principios: apostar por la tecnología y la innovación como única vía para aumentar la productividad en términos reales en el largo plazo; y, una política monetaria y fiscal que ayude a toda la Unión en el corto plazo.

En todo caso, sigue pesando como tema central de esta Europa dividida (también en Japón y en cierto modo en Estados Unidos) la desinflación y el estancamiento. En Europa el tipo de interés real es negativo y el índice de inflación también, lo cual implica que a la postre se puede producir lo que la propia Alemania (y posiblemente todos los países de la UE) persigue a la hora de poner firme al BCE con el tema de la inflación. Esto es que nada permita que el ahorro de sus concuidadanos pierda valor, en otras palabras lo que no ha hecho la inflación lo puede hacer la deflación. Y en medio de este enredo de tipos de interés nominales en cero y reales negativos están aquellos economistas que como L. Summers plantean una etapa en la economía mundial (mucho más acentuada en Europa) de un “estancamiento secular”.

El argumento no es difícil de entender: el desequilibrio entre el ahorro y la inversión ha hecho que el tipo de interés de equilibrio (o sea el que coincide con el pleno empleo) sea de un -2 o -3% pero como el interés nominal no puede ser negativo, las economías se verían abocadas a un estancamiento secular, o lo que es igual a un crecimiento muy bajo especialmente por falta de demanda. Sin embargo, los problemas por el lado de la oferta no son menores y se pueden explicar, en parte, por los problemas económicos del pasado; pero, también, por la caída de la demografía y la pirámide de edades, el final del incremento de la fuerza del trabajo por la incorporación de la mujer al mercado, el bajo rendimiento (en términos de productividad) que nos otorga una mejor educación y, el escaso incremento de la productividad.

Daniel Sotelsek

Y ahora 5.000 millones adicionales para ajustar.

Nuevo acuerdo por el déficit, ajusten las previsiones de crecimiento…

Luego de que Rajoy haya anunciado hace pocos días un objetivo de déficit fiscal para 2011 de 5,8% del PIB (ver post), incumpliendo así con el acuerdo realizado anteriormente, la Unión Europea pidió un esfuerzo adicional de medio punto porcentual, que fue aceptado por el gobierno. Esto significa más ajuste en un contexto de recesión, lo que se traducirá indefectiblemente en más recesión.

Ante la fuerte desviación del déficit fiscal de 2011, que alcanzó 8,5% del PIB, el presidente del Gobierno anunció una flexibilización del objetivo en el presente año, como consecuencia de la pesada herencia recibida y la aceleración de la caída del producto. Bruselas se mostró reacio al principio, pero finalmente terminó negociando y pidiendo un esfuerzo adicional de 0,5 puntos porcentuales, para reducir el déficit hasta 5,3% del PIB. Esto significa un ajuste adicional de 5.000 millones de euros, para totalizar 32.000 millones de recortes.

Entonces, el nuevo acuerdo de objetivo representa un reducción del déficit fiscal equivalente a 3,2% del PIB. Las previsiones del Banco de España para la variación del nivel de actividad de 2012 son una disminución de 1,7%. La pregunta que cabe es qué parte de la demanda compensará los 1,5 puntos porcentuales que separan la reducción del déficit de la previsión de la evolución del PIB, incluso sin considerar el efecto del multiplicador keynesiano.

Tanto el consumo como la inversión privadas se encuentran decreciendo al 1,1% y 6,2% interanual en el último trimestre del año pasado, respectivamente. Así, el único componente de la demanda capaz de hacer tal compensación son las exportaciones netas. Si bien las ventas al exterior venían creciendo, últimamente mostraban una desaceleración al compás del nivel de actividad mundial y europeo. Así, existe la posibilidad de que realicen un aporte positivo, pero de seguro dejarán la mayor parte del trabajo a las importaciones. De esta forma, es necesaria una caída muy significativa de las compras externas para alcanzar una variación negativa del PIB como la estimada por el Banco de España, componente que por cierto está estrechamente vinculado a la demanda privada.

En definitiva, lo más probable es que el PIB en España se contraiga más de 1,7% en el presente año. Esto significará no solo más desempleo y peores condiciones sociales, sino también más déficit y mayores necesidades de ajuste. A no ser que alguien se anime a proponer algo diferente.

Al final llegó la cifra de déficit

El elevado déficit obliga a renegociar los objetivos con Bruselas

El lunes de esta semana, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció las cifras definitivas del déficit del conjunto de administraciones públicas en 2011. Si bien se esperaba una cifra superior al limite impuesto por Bruselas, finalmente el dato superó todas las expectativas. De esta forma, los más probable es que el gobierno profundice las medidas de ajuste, lo que afectará negativamente la producción y el empleo.

Luego de muchas especulaciones acerca de cuál sería el déficit de España en 2011, el dato ascendió a 8,5% del PIB; esto es 2,5 puntos porcentuales por encima del compromiso contraído con Bruselas. Al parecer, los mercados financieros ya descontaban un resultado del estilo, dado que no mostraron una tendencia clara en la apertura del mercado.

El gobierno fue muy cauto al responsabilizar a la anterior administración del déficit, ya que las mayores responsables del incumplimiento fueron las Comunidades Autónomas, la mayor parte gobernadas por el Partido Popular. En efecto, mientras que la administración central presentó un déficit de 5,1% del PIB, cuando el objetivo era 4,8%, las CC.AA. mostraron un resultado negativo mayor a 2,9%, es decir más de 1,6 puntos porcentuales por encima de lo acordado.

A partir de este resultado, lo que viene es conocido, pero de mayor magnitud. Por un lado se abre una ardua negociación con Bruselas para flexibilizar los objetivos de déficit de los años venideros. Para 2012 el objetivo era de 4,4%, por lo que necesitaría un ajuste fiscal de más de 4 puntos del PIB. Es impensable realizar una medida por el estilo, dada la recesión que se generaría. Sin embargo, más que se flexibilicen los objetivos, el recorte será muy fuerte, según las primeras estimaciones de entre 41 y 44 miles de millones de euros.

En resumen, la situación de España es crítica. El año pasado, con un recorte que finalmente no llegó a 1 punto porcentual del PIB, se entró en recesión. En este contexto resulta impensable proponer ajustes mayores. Sin embargo, el camino elegido por el gobierno parece ser el de la deflación. Hay que ser conscientes de que este camino es muy largo y doloroso. El riesgo es que la situación social no soporte el sacrificio antes de alcanzar los resultados esperados. En ese caso, las acciones siempre terminan siendo improvisadas y los resultados mucho más inciertos.

Una última cuestión: si contamos lo que tenemos hasta ahora y lo que viene en 2012 ¿cuánto será la deuda pública española y cuáles son sus plazos de vencimiento?. Esto es fundamental de cara a los mercados: al final todos terminaremos entendiendo aquello del circulo vicioso de Myrdal.