Los laberintos de la economía en el Siglo XXI

Los laberintos de la Economía en el Siglo XXI

If you understand: the productivity, the imperfect information and the trilema (International Macroeconomic) may be you will understand something about the welfare but if you do not understand one of this concepts you must be sure: you will never understand how the people can be more happy.

Mejor no hablemos de política pues en éstos días da la impresión que nada funciona. El Brexit de espejismo va mutando poco a poco en realidad, España puede estar abocada a unas terceras elecciones sucesivas y, la campaña de Donald Trump no muestra signos de agotamiento . Ya veremos que ocurre.

 En este post quería recuperar tres ideas, conceptos y teorías que han cambiado la forma de entender la economía en los últimos 60 años y, que de alguna forma han superado la primera revolución teórica de J. M. Keynes. Además, estas ideas coinciden con las principales preocupaciones de la mayor parte de los agentes económicos (los gobiernos -incluidos los organismos multilaterales, las empresas, los trabajadores y los que conocemos genéricamente como “los mercados”).

 En primer lugar tenemos “la productividad”, concepto que más o menos lo define todo, pues sin “productividad” es imposible avanzar en el bienestar de la sociedad. El crecimiento económico ya no tiene sentido sin un incremento de lo que se denomina “Productividad Total de los Factores” (PTF), en tanto en cuanto los factores trabajo y capital son cada día más productivos, con los mismos insumos podemos obtener una mayor cantidad de bienes y servicios. También hay quién afirma que la distribución de la renta al final depende esencialmente de la PTF.

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 El año que viene se cumplen 60 años desde que en 1957 R. Solow (nobel de economía en 1987) escribiera un artículo denominado: TECHNICAL CHANGE AND THE AGGREGATE PRODUCTION FUNCTION donde básicamente venía a decir que no sabemos muy bien porqué hay crecimiento. O, lo que es igual hay un factor, que no es el trabajo ni el capital, que explica un porcentaje elevado del crecimiento económico. A ese factor lo denominó el “factor residual” (que de residual no tenía nada ya que algunos estudios consideraban que ese factor explicaba en algunos casos el 70% del crecimiento) o, también “la medida de nuestra ignorancia”. Durante todo este tiempo los economistas ligados a la teoría del crecimiento han tenido como objetivo fundamental inspeccionar ese residuo (igual que en la bioquímica).

 En estos años, se han encontrado muchas explicaciones que han mermado nuestra ignorancia. Por ejemplo, entender que no solo basta con contar la mano de obra, sino también su calidad (educación , experiencia, entrenamiento). O, que no basta con acumular capital, sino también analizar cuánta tecnología e innovación se incorpora en ese capital. También se ha estudiado cómo la ubicación geográfica de esos factores y su movilidad logran explicar parte del residuo. Cómo los llamados problemas institucionales (estados democráticos, violencia, corrupción, seguridad jurídica..) también explican parte de esa ignorancia.

 Pero llegados al punto en el que se ha refinado el estudio del “factor residual”, nos sigue faltando qué es lo que explica la productividad. Debemos decir que aún nuestra medida de la ignorancia sigue siendo muy elevada y, que debido a ello se han cometido muchos errores a la hora de generar políticas. Por ejemplo, aplicando políticas educativas de gasto pensando que mejoraban nuestra productividad; o, infraestructuras que ayudaban a generar externalidades para un crecimiento sano. Ciertamente, cada vez con más frecuencia, muchos bancos internacionales de desarrollo , entre ellos el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, se vuelven a plantear la misma pregunta. Y, muchos coinciden que nuestra medida de la ignorancia sigue siendo importante; y, que no sabemos muy bien qué es lo que hace aumentar la productividad, sobre todo a la hora de utilizar políticas públicas conocidas.

 La segunda cuestión tiene que ver con la “información” durante muchos años y hasta hace muy poco tiempo (aún algunos lo creen) se pensaba que en el mercado se ajustaba casi todo y, que, por lo tanto, se lograban equilibrios más o menos estables. Por desgracia, la realidad nos ha demostrado que los mercados funcionarían de esa forma si la información fuese perfecta. En 1970 (hace unos cincuenta años), un incomprendido economista G. Akerlof (por cierto cuyo director de doctorado fue R. Solow) veía como un paper “The Market for “Lemons: Quality Uncertainty and the Market Mechanism” era rechazado tres veces por prestigiosas revistas, artículo que años más tarde, en 2001, le valió un premio nobel compartido con Spence y Stiglitz y, quizás, bromas aparte, una boda con Janet Yellen (actual Chairman de la FED).

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 La idea no era demasiado sofisticada. Akerlof observó que en el mercado unas personas saben más que otras; y, a partir de esa “información asimétrica” se podían explicar demasiadas cosas que no siempre son tenidas en cuenta cuando reina la estabilidad.

 La información asimétrica, por ejemplo, es causa de que muchas veces se paguen salarios más bajos a trabajadores que son más cualificados, pero como los empleadores no lo saben, prefieren ofrecerles un salario como si todos fuesen mediocres. Una muestra de cómo se intentó resolver esta cuestión fue cuando se propuso contratar trabajadores de acuerdo a su “record” bancario. El resultado fue que quedaban fuera del mercado de trabajo gente preparada, lo cual implicaba que existía una información imperfecta. Y, ocurría una “selección adversa”.

 Un primo cercano de ésta es el “riesgo moral”. Veamos la primera derivada. Si tomas un seguro completo es posible que tengas menos cuidado con la velocidad y el riesgo de accidentes; si el gobierno ayuda a un banco porque su quiebra es un problema sistémico, corre el riesgo que el banco no se cuide como debiera. (esto nos suena…).

 La segunda derivada es “el salario de eficiencia” (Stiglitz) que implica pagar más de lo que te mereces porque con ello me evito controlar que en tus horas de trabajo no te comportes de manera inadecuada. (el trabajador lo hará mejor) y con ello evito la falta de información. Esto se puede reconocer como la teoría del “principal” (empleador) y el “agente” (trabajador) la cual ha cambiado la forma de pensar sobre la economía y, sobre todo, de la política económica. La reflexión es: “pregunte a un joven negro de Washington, con un buen récord bancario, quién encuentra el mejor trabajo”. Muchas de las políticas públicas y las regulaciones que se establecen para el buen funcionamiento de la economía se enfrentan a este problema y corren el riesgo de lograr efectos perversos si no se tiene en cuenta.

La tercera cuestión tiene que ver con el funcionamiento de la macroeconomía a nivel internacional y su famoso “trilema” o, también conocido como “la trinidad inconsistente”, término con el que fue bautizada por Krugman (nobel de Economía en 2008) y Obstfeld en 1997.

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Viene a decirnos que un país debe elegir entre: a) movilidad de capitales libres (que entren y salgan sin restricciones) y, b) gestionar el tipo de cambio (desde el gobierno –normalmente, los bancos centrales) a través del valor de la moneda nacional respecto al valor de las divisas (tipo de cambio fijo) y, c) autonomía en la política monetaria o, lo que es igual, fijar, a través del manejo de su oferta y demanda de dinero, el tipo de interés.

 Lamentablemente aunque muchos gobiernos quieren influir sobre los tres instrumentos -movilidad, tipo de cambio y tipo de interés-, solo es posible elegir dos de ellos. Si elijo un tipo de cambio y también el tipo de interés, no puedo tener movilidad de capitales. Si elijo el tipo de cambio y la movilidad, no puedo influir en el tipo de interés. Si elijo el tipo de interés y la movilidad debo dejar que el tipo de cambio fluctúe.

 Los países desarrollados normalmente han elegido la movilidad y el tipo de interés; y dejan fluctuar su moneda, pero en el caso de la zona Euro al fijar el tipo de cambio y tener movilidad se renuncia a la política monetaria.

 Este trilema viene de un modelo conocido como “Mundel – Fleming” en honor a dos economistas que intentaron en los años 60 decirnos mas o menos lo mismo. Robert Mundell, economista canadiense y premio nobel en 1999, mostró, en 1963, en su artículo “Capital Mobility and Stabilization Policy under Fixed and Flexible Exchange Rates”, la inefectividad de la política monetaria cuando hay tipos de cambios flexibles y movilidad de capitales. Y Fleming llegó a la misma conclusión.

Ambos escribieron sus respectivos artículo trabajando en el FMI, por lo que no era casual, por tanto, su preocupación sobre cómo deben actuar los países para lograr aumentar su competitividad (se entiende que lo que hay detrás es la capacidad para devaluar o bien expandir la demanda). Si bien esto influye totalmente a la hora de fijar la política económica, hay algunos estudios nuevos especialmente de H. Rey en “International Channels of Transmission of Monetary Policy and the Mundellian Trilemma” donde con base al modelo Mundell, Rey viene a decirnos que los movimientos de la FED respecto al tipo de interés influyen más allá de lo que esperamos. Y, que, por tanto, la opción de tener política monetaria independiente no parece ser del todo real. En todo caso, el trilema nos deja, al igual que los otros dos temas, un cuestionamiento muy importante a la hora de definir el bienestar de la sociedad a través de mecanismos en este caso vinculados a la competitividad externa.

 Como conclusión, podemos afirmar que la productividad, la competitividad y el funcionamiento del mercado (información simétrica) son conceptos que están presentes en nuestro día a día; pero, quizás nos somos conscientes que cuando nos dan recetas para lograr mejoras en estos objetivos, el grado de incertidumbre sobre los resultados es muy elevado. O, por decirlo de otro modo, sabemos muy poco sobre cómo ser más productivos, sobre cómo hacer para que los mercados funcionen bien y, sobre qué coste pagar para ser más competitivos.

 Carpe Diem

Daniel Sotelsek

¿Y después de las elecciones, qué?

España, Europa y Estados Unidos tienen, en poco tiempo, citas electorales que pueden ser cruciales para el futuro de sus sociedades. Estas elecciones son muy importantes, básicamente, por una razón: en muchos años es la primera vez que nos enfrentamos a populismos y nacionalismos con una probabilidad cierta de gobernar y eso, sin duda, pone de pelos de punta a mucha gente.

En este sentido, las cosas no van tan bien como nos gustaría, pero debemos ser conscientes de que tampoco van tan mal. El mundo, y en ello cuento, no solo a España, Europa y Estados Unidos, ha experimentado un tiempo muy largo de paz y prosperidad. Indicadores sociales como la mortalidad infantil o la esperanza de vida han mejorado de manera exponencial, incluso en regiones como África. La pobreza y la desigualdad son mucho menores que hace ochenta años. Nos guste o no, en Occidente, el nivel de vida de la población medido como se quiera ha ido a mejor.

Ni hablar de cómo ha mejorado la política: atrás quedaron tiranos como Hitler, Stalin y las dictaduras sangrientas del siglo XX, lo cual no implica que haya que bajar la guardia ni que las guerra “no mundiales” no nos afecten. La amenaza yihadista o países como Corea del Norte son un lastre que debemos atender.

Dicho esto, la situación económica de España ha mejorado desde el final de la crisis. El paro ha bajado y la economía crece, dos indicadores necesarios para mantener la sociedad del bienestar que los cuatro partidos mayoritarios, cada uno a su manera, propugnan. Nadie sabe a estas alturas qué pasará en las elecciones ni quién gobernará España los próximos años, pero de lo que si estamos seguros y esto me parece lo más importante es que ningún gobierno podrá hacer lo que le venga en gana. El partido o partidos que gobiernen deberán ser prudentes en sus acciones y concertar casi todas las medidas importantes que decidan tomar: la reforma de la constitución y la cuestión territorial deberá acometerse por consenso; y, no solo por una mayoría de derechas o de izquierdas. Quizás es un bueno momento para resolver tres de los grandes problemas de España: la constitución, la organización territorial y la educación; y, dejar para más adelante otras cuestiones igual de importantes para el día a día, pero que pueden esperar.

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Es curioso pero ningún partido habla de Europa en la campaña, básicamente porque quita votos. Hablar de Europa no es prudente ni popular, pero deberíamos reflexionar sobre este tema porque el futuro de la Unión Europea es otro de los grandes desafíos que enfrentamos. Casi nadie en Europa habla de Europa y su gobernanza. Qué debemos hacer para retomar la confianza en Europa: creo que la respuesta se encuentra en redefinir cuál es el objetivo de la Unión Europea. Para qué sirve a los ciudadanos más allá de mantener la paz y la concordia (cosa que no está tan mal si miramos la historia de los últimos doscientos años). Creo que es importante pensar en una Unión Europea mas reducida, al menos, en lo que se refiere a la unión política, la cual debe incluir la unión monetaria (más o menos consolidada con el euro) y la unión fiscal.

En este punto, entra de lleno la próxima votación del referéndum del Brexit sobre la permanencia o salida de la Unión Europea. A estas alturas nadie sabe tampoco que pasará, pero desde mi punto de vista, siendo coherente con lo dicho anteriormente, no pasará nada pues el Reino Unido no forma parte del proyecto europeo que tiene futuro. Si gana el “si“ se abran marchado de Europa donde nunca se integraron del todo; si gana el “nó” se quedarán en esa Europa que debe redefinirse y donde mucho me temo los ingleses no ven un futuro muy promisorio. En todo caso pienso que el “remain” se va a imponer” y el Brexit no se producirá.

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Por último, quedan las elecciones en Estados Unidos que pintan de lo más interesante (al menos hace años que no había un republicano tan populista como Trump, ni una lucha por la izquierda de la izquierda). Un país, que digan lo que digan, ha sufrido la peor crisis económica y financiera de los últimos años y ha salido adelante en tan solo cinco años, lo cual muestra que a pesar de la amenaza de las economías emergentes sigue siendo una locomotora mundial.

Por esa razón, las elecciones norteamericanas posiblemente son más relevantes para nuestro bienestar que lo que pase en España, o incluso en Europa. Con el resultado de las elecciones presidenciales americanas nos jugamos que el ámbito atlántico pierda importancia, y que los factores positivos de una globalización (con sus luces y sombras) se desvanezca. Donald Trump puede generar una política que vaya en contra de los valores que hacen de ese país el motor de la economía mundial, la integración, la tolerancia y el empuje de una clase media que ha logrado avances en productividad sin precedentes; y que lidera el conocimiento y la tecnología que nos ayuda a mejorar nuestro bienestar.

Tenemos que preguntarnos porque el populismo está avanzando. Hay que preguntarse por qué sucede y no negar la mayor. Esta pregunta tiene muchas respuestas, pero se me ocurren algunas que nos deben hacer pensar. La primera es la falta de trabajo tanto cualificado como no cualificado. El empleo ya no se crea como antes y la sociedad tendrá que dar respuesta a un mundo sin empleo y con muchos pensionistas; así será la sociedad del futuro. La segunda es que la nueva economía tecnológica es deflacionista. Todo se hace más barato, el capital en si mismo y su propiedad ya no son relevantes (incluso el discurso de la clase anticapitalista tendrá que cambiar). La lucha se dará al interior del mercado laboral, pues esa será la fuente de la desigualdad que no parece disminuir. El 1% más rico de la población ha surgido ya no del capital, sino de los elevados salarios de los ejecutivos que gestionan mega empresas que nadie controla, al menos como antes. La tercera respuesta se encuentra en el mundo de las finanzas. Los bancos comerciales y la intermediación pronto tenderán a desaparecer y el mundo interconectado suplantará a una élite financiera que ha sido la dominante en los últimos cincuenta años. El cuarto tema es el nuevo orden internacional, los países del Pacífico y los emergentes habrán logrado, antes que tarde, una importancia impensable hace unos años. Los países emergentes han pasado de representar el 36% del PIB Mundial en 2012 al 60% en 2020, mientras que la UE ha retrocedido del 30% al 15% en tan solo 40 año. Las instituciones multilaterales tendrán, por tanto, nuevos protagonistas, lo cual puede implicar que los bienes públicos internacionales se cada vez más públicos y menos occidentales.

Por todo esto, creo que lo que pase en España el 26-J no es tan relevante ni será tan grave, tanto si sigue Rajoy y su política de austeridad como si gana Iglesias y el populismo llega al poder, pues hoy más que nunca el meollo de la cuestión, nuestro bienestar futuro está en Europa y mucho más en Estados Unidos.

Hace poco me llamó la atención una frase que mencionaba el secretario de Naciones Unidas a los estudiantes en una universidad americana: “voten programas y no candidatos” y un estudiante que estaba a mi lado se preguntaba: “dónde se pueden consultar los programas” ….

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Carpe Diem

Daniel Sotelsek

La gobernanza global pasa factura

Global governance takes its tool

What does the World Trade Organization (WTO) , the International Monetary Found (IMF)  and the European Union (EU) have in Common?
They are  supranational organizations that incited by the globalization process, have re-formulated their mission and organization. In this post we will discuss how global governance affect us.

 La gobernanza global pasa factura

¿Qué tienen en común la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE)? Son organizaciones supranacionales que, espoleadas por el avance del proceso de globalización, han reformulado su misión y organización; en este post comentaremos cómo afecta a la gobernanza global, la renovación institucional de estas tres instituciones; también reflexionaremos sobre lo que estas organizaciones no comparten: su eficacia o efectividad en la gestión de los bienes públicos globales.

Las tres instituciones son fruto, en su estado actual, de la globalización. Nadie imaginaba, hace tan solo 30 o 40 años, un mundo tan inter-conectado, en el cual los bienes y servicios circularan con gran rapidez. Tampoco imaginábamos que el FMI junto a la UE y el Banco Central Europeo formaran un trio -los hombres de negro- que permitiera generar control y estabilidad financiera en una de las zonas más prósperas del planeta. Pocas personas podían aventurar una Europa tan amplia como la actual y, con tantos problemas nuevos, que van más allá de lo económico,  afectando a cuestiones políticas, sociales, culturales, etc..

 En cuanto a los bienes públicos, hay un amplio consenso en que su provisión debe ser tanto a escala local como a escala global.  En el caso de los bienes públicos locales, casi todos aceptan que los gobiernos deben imponer impuestos, regulaciones y  recomendaciones para que la provisión de los así llamados bienes públicos puros (no exclusión y no rivalidad en el consumo) e impuros (como puede ser el caso de la congestión de tráfico o de la generación de una externalidad negativa) sea eficiente.  Por el contrario, a escala global al no haber una gobernanza mundial,  la provisión de determinados bienes públicos es todavía un concepto abstracto y con contados ejemplos reales.

En definitiva, el debate acerca de la  gobernanza global y la gestión de los bienes públicos globales (estabilidad, seguridad, bienestar, sostenibilidad ambiental) está más presente que nunca, al tiempo que el debate nunca ha sido tan difícil como ahora.

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En todo caso, la hipótesis de partida de este post sobre la gobernanza global debe construirse sobre un hecho: de las tres instituciones mencionadas, una de ellas –la UE- aparenta mayor fortaleza; pero tiene, a mi juicio, una debilidad estructural -la brecha entre sus objetivos como Unión y los objetivos de sus estados miembros- que pone en cuestión la posibilidad de proveer determinados bienes públicos globales. Con el añadido de que, de una forma u otra, esta organización es un elemento imprescindible de  la gobernanza global.

Las otras dos instituciones que mencionamos están atravesando un período de serias dificultades. El FMI intenta su reorganización para transformarse en una  institución que se pueda sumar a la gobernanza mundial. Y, la OMC intenta volver a la ronda de negociaciones sobre el comercio mundial que logre una mayor liberalización.

¿Todo esto nos hacer ser pesimista sobre el futuro de la gobernanza global? La respuesta, desde mi perspectiva es que no; por el contrario, la necesidad de la provisión de bienes públicos globales nos hace estar cada más cerca de la problemática y de la pregunta que hemos postergado durante mucho tiempo: ¿Cómo construir instituciones supranacionales? y ¿Cómo adaptar su funcionamiento a los cambios provocados por la globalización?

Comencemos con la OMC:  la mayoría piensa que no se avanza en las rondas de negociaciones para liberalizar el comercio porque la organización es muy débil. Sin embargo, algunos argumentos como los de S. Guriev nos indican justamente lo contrario. Guriev afirma que si el avance no es rápido, se debe a que los gobiernos saben que cuando la OMC aprueba condiciones, su nivel de cumplimiento en el mediano plazo es muy fuerte. En otras palabras, cuando se producen acuerdos en la OMC, se consolida una gobernanza global del comercio internacional que ningún país por poderoso que sea, puede incumplirla por mucho tiempo. Este mecanismo de sujeción a la norma se refuerza por la propia dinámica de la globalización. Por lo tanto que la OMC no avance como nos gustaría es una paradójica buena señal de que la gobernanza comienza a funcionar.

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En lo que respecta al FMI , hasta hace poco tiempo era institución dedicada a proveer soluciones a los problemas de los países en desarrollo y de algunos países emergentes. Ahora juega un rol fundamental en la provisión de un bien público global como es la estabilidad financiera. En ese sentido, muchos se quejan de que tampoco avanza al ritmo que nos gustaría. Y, de forma similar al caso de la OMC, es posible que este avance lento nos muestre que el camino de la gobernanza mundial está a la vuelta de la esquina. Pensemos, por ejemplo, en la lucha en la que están empeñados muchos países para conseguir mayores cuotas de decisión, o en el caso del yuan para que forme parte  de las monedas de reserva. Quizás esa falta de acuerdo se deba a que gradualmente se acepta más y más que las decisiones del FMI en materia de recomendación son equiparables a la calificación de las agencias de riesgo; y, que sus decisiones ya no pueden ser menospreciadas pues forman parte de una gobernanza que quién sabe puede en el corto plazo imponer los primeros impuestos o tasas financieras globales.

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El caso de la Unión Europea es otro ejemplo de creación de una autoridad supranacional proveedora de bienes públicos que los Estados no pueden generar a su nivel con un grado de eficiencia aceptable. Pensemos en la moneda única vs la gestión de tipos de cambio nacionales. O determinados acuerdos ambientales que  hoy en día, sin el protagonismo de la UE, difícilmente podrían aprobarse. Otros acuerdos también se enfrentan a desafíos importantes que ponen en duda la legitimidad y existencia de la UE. Pensemos, por ejemplo, en la situación a la que se ha llegado con la flexibilización de los criterios de Maastricht: casi todos los países los incumplen (bueno mejor dicho todos), lo cual muestra una debilidad manifiesta de la UE en tanto que proyecta la idea de que no puede imponerse un gobierno europeo más allá de lo nacional, si lo que está en juego es el bienestar de los ciudadanos nacionales.

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En este sentido, sobre el futuro de la UE, son más numerosos los optimistas que los pesimistas. Al fin y al cabo, Europa ha logrado una paz y prosperidad como nunca en su historia ha logrado un estado social y de derecho. Logros muy relevantes en los países del Norte y grandes aspiraciones en los países del Sur. Europa ha logrado superar retos como la unificación alemana o la ampliación al Este. Mientras que en el caso de la OMC y el FMI posiblemente se dé lo contrario, siendo mayoría los pesimistas que afirman que las instituciones se han quedado anticuadas y que no sirven para mucho.

Mi posición es distinta. Creo que la provisión de bienes públicos globales  (podemos incluir la mejora de la equidad o la regulación de la economía colaborativa entre otros ya muy conocidos) necesita de organizaciones globales que vayan más allá de la UE. Comparando Europa con la OMC o con el FMI, creo que hay una mayor debilidad en la UE respecto a la hipótesis de una gobernanza supranacional capaz de proveer bienes públicos globales. Ello se debe básicamente a dos cuestiones: la primera que son menos los países involucrados y, la segunda que algunos países son demasiados grandes para caer. Un riesgo moral que ninguna de las otras dos instituciones soportan. Hay ejemplos de sobra que muestran como en Europa se puede sancionar a Grecia o Portugal, pero no a Francia o Alemania. Mientras que también hay ejemplos de sobra conocidos en los que la OMC puede sancionar a países grandes, incluso a Estados Unidos sin temor a una represalia.

La reflexión final con la que quiero concluir este post es que, paradójicamente, el tipo de instituciones globales como el FMI o la OMC, que aparentan haber fracasado, son las instituciones que gradualmente, paso a paso, están garantizando la provisión de ciertos bienes público globales.

Y, si no son éstas, otras ocuparán su lugar. Pero, en cualquier caso, siempre bajo la forma de instituciones globales, no necesariamente supranacionales.  Mientras que el modelo de la UE sigue atrayendo al resto de organizaciones regionales supranacionales, son otras instituciones globales las que están cosechando más éxitos, reemplazando a los estados y foros regionales en la provisión de bienes públicos globales que ni los estados ni las organizaciones supranacionales por criterios organizativos o de tamaño están en condiciones de proveer. Pensemos en la aparición de mega-ciudades y qué organizaciones están sirviendo de canalizadores de iniciativas que dan respuesta a problemas como la adaptación al cambio climático. En el caso del comercio y las finanzas, éstas se han globalizado, ahora hace falta asegurar determinados bienes públicos que aseguren que la globalización discurra por los cauces que nos interesan a todos.

Por último me gustaría introducir el tema de la “equidad” como bien público, pero nuevamente cuando nos referimos a la desigualdad global entre los ciudadanos (no entre las naciones) nos damos cuenta que los niveles son exageradamente elevados (GINI =0,67 de promedio -concepto 1-) y que no tiene nada que ver con la idea nacional o supra nacional (UE) de la equidad donde lo que interesa es la equidad entre los ciudadanos de un mismo territorio (GINI ponderado por habitante de 0,55 -concepto 2-). La pregunta nuevamente es si las Instituciones que no sean globales podrán resolver un problema global como el de la equidad.Y la respuesta posiblemente es que “no”.

Dejamos planteada la idea para un siguiente post que analice el papel de instituciones como el Banco Mundial y los Bancos de Desarrollo Multilaterales y su rol como proveedores de “bienes públicos globales”

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Carpe Diem

España ante la encrucijada

España ante la encrucijada.

A few days away from an unprecedented political outcome, Spain faces another challenge (internal and external) that feels very similar to the one it had to face in 2008.

A solo unos días de un desenlace político inédito, España se enfrenta nuevamente a dos desafíos (interno y externo) similares a las que tuvimos que enfrentar en 2008.

En cuanto a la coyuntura interna, aparte del lio político que debo confesar ni lo entiendo ni creo que valga la pena profundizar mucho, el país tiene un nuevo desafío y es el de funcionar con un gobierno en minoría parlamentaria que sea capaz de llegar a acuerdos suficientes que garanticen la gobernabilidad.

Si los políticos, la opinión pública y la ciudadanía no entienden este nuevo escenario se hará muy difícil avanzar. La mejor muestra de que cuesta entenderlo es que las cuatro formaciones con aspiraciones de gobierno presentaron un programa electoral para el 20-D que sabían no iban a cumplir.

Pactar es ceder. Por eso, para que el electorado mejor informado pueda elegir, los partidos también deberían haber incluido en los programas el “grosor de sus líneas rojas”. De lo contrario, la alternativa que se impone es una visión asamblearia en la que en el momento en que las formaciones tienen que pactar, los partidos políticos nos dicen a los ciudadanos que consultarán a sus bases; pero se olvidan que no son las bases las que votan, sino los ciudadanos . Para muestra un botón, los militantes del PSOE -200 mil afiliados- pueden validar una propuesta de pacto que no consultarán a los 5,3 millones de sus votantes.

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En cuanto a la economía, la situación de lo que llamamos Macroeconomía está ahí, casi todos afirman que es mucho mejor y debemos entender que “sí” que la macro tiene que ver con la micro, solo es una cuestión temporal pero si la macro está bien la micro también. De lo contrario algo falla y quizás sea la propia macro pues no es de recibo pensar que la economía se divida en macro y micro sino que al final es una sola.

Un buen ejemplo es la medida del crecimiento económico y de la desigualdad. En el primer caso, si medimos el crecimiento económico a través de su evolución observamos cómo de una caída del 3,6% en 2009, la economía ha crecido al 3,4% en 2015. Pero como nos recuerda Hausman Klinger y Wagnern en un Documento de Trabajo muy interesante, hay diferencias a la hora de mirar el crecimiento: bien, a través del diagnóstico (tasas de crecimiento) bien, a través de la teoría económica (productividad total de los factores. PTF), o bien, a través de las opiniones (basado en ranking internacionales).

En este sentido, aún cuando la tasa es positiva cuando uno analiza el índice de competitividad global, la situación ya no es tan alentadora. Para dar solo un par de cifras (el índice tiene 12 pilares), en 2008 España ocupaba el lugar número 29 de este índice y hoy ocupa el 33; en algunos pilares como el institucional hemos pasado de estar en el lugar 43 al 65; y, en cuanto al ambiente macroeconómico, la situación ha ido a peor, pasando de estar en el lugar 30 al 116 . Por último, si usamos la teoría y una medida del PTF realizada por el (Banco de España) BDE entre 2002 y 2007, éste ha caído un -0,4; y, entre 2008 y 2012 ha caído -0,2; y, se espera que en el período 2013 al 2015 también tenga tasas negativas (aunque, a decir verdad, según se mire el mercado de trabajo, a veces estos datos bailan un poco).

En definitiva, España crece, pero no es competitiva internacionalmente y su productividad va en caída libre. Quizás esto puede explicar la disonancia que percibimos cuando observamos cómo vive la gente. Quizás el crecimiento se justifica por el comportamiento de las tres variables con que todo ministro de Economía sueña: una caída del precio de petróleo en una economía totalmente dependiente; una devaluación de su moneda del 20% en los últimos dos años; y, un Banco Central que está dispuesto a comprar toda la deuda a intereses bajos. Pero no nos engañemos: quizás lo que falla no es el puente entre la macro y la micro; sino que la propia economía no está tan bien.

El otro punto a debate es la desigualdad en España. La mayor parte de los ciudadanos tiene la percepción que esta crisis ha generado una situación de injusticia y desigualdad sin precedentes. Lo primero que deberíamos decir a la ciudadanía es que esta percepción no es del todo cierta. España ya figuraba antes de la crisis entre los países con mayores niveles de desigualdad de la UE, región que por cierto tiene una distribución bastante igualitaria comparada con otros países. El segundo comentario que hay que señalar es que cuando crece el ingreso (como sucedía antes de 2008), el problema de la desigualdad tiene que ver más con la estabilidad que con el tamaño. En otras palabras, que si nos va bien, solemos preocuparnos menos por la desigualdad.

Dicho esto, si es cierto que a partir de la crisis las rentas medias y bajas han sufrido un golpe importante. Y “la renta anual equivalente de la población” ha pasado en media de 17.000 € a 14.150 € entre 2009 y 2014. Pero lo mas importante de todo es que este impacto ha sido muy desigual: el primer decil de renta equivalente (10% de los más pobres) ha caído un 32,6 % durante el período de mayor ajuste 2008-2014, mientras que el décimo decil (10% mas rico) solo ha caído el 16%. O sea que cuando las cosas van mal, la distribución de los esfuerzos entre los ricos y los pobres es desigual.

La distribución de los esfuerzos es, por tanto, el meollo del asunto. El debate sobre la sobre la desigualdad debería centrarse en esta cuestión, más que en el propio indicador GINI (indicador de desigualdad). Las políticas públicas deberían orientarse a incorporar mecanismos para que una vez recuperada la economía, sean los sectores mas desfavorecidos los que reciban una recuperación mayor que los sectores más favorecidos.

Pero las cifras muestran otro dato curioso. Desde el decil 5 al 9 (una gran parte de la clase media) la caída y el esfuerzo es muy parecido al de las clases más favorecidas. Mi opinión es que, en esta primera etapa, es urgente recuperar a ese porcentaje que ha sufrido la crisis de forma mucho mas dura; y dejar para una segunda etapa, la mejora en la distribución entre toda la población. Esta elección implica que las políticas de apoyo deben ser claras y contundentes si esto es lo que se quiere, pues de lo contrario podemos caer en la tentación de recuperar a las clases medias, a costa de dejar en la cuneta a los sectores menos favorecidos.

Quizás valga la pena mencionar dos cuestiones adicionales que pueden condicionar los niveles futuros de desigualdad: una es la cuestión demográfica: el envejecimiento de la población y la precariedad laboral amenazan el mantenimiento de las futuras pensiones; y una segunda tiene que ver con la educación como vector de formación de un capital humano, que puede generar aumentos de productividad.

Respecto a la educación, cada vez hay más consenso en que lo relevante es discutir los aspectos relacionados con la calidad y no con la cobertura universal. Matiz que no siempre es bien entendido en los sectores progresistas de nuestra sociedad, puesto que la calidad es lo único que puede asegurarnos una mejor distribución de la renta en el futuro. La cobertura universal puede ser muy bien recibida, pero no asegura como hemos comprobado en los últimos 25 años mayores niveles de igualdad.

Otro tema que nos toca de cerca es la vulnerabilidad de nuestra economía frente a la amenaza de una crisis mundial, que de llegar a producirse causará estragos. La caída de las bolsas, si bien los mercados han exagerado en su reacción, auguran que algo está pasando. Las políticas monetarias no han logrado sacar adelante a las economías más desarrolladas, lo que a su vez genera problemas en el sector bancario. Este cada vez tendrá mas dificultades, tanto por el lado de una mayor regulación como, y esto es lo relevante, por la disminución de los márgenes del negocio, lo que amenaza la propia existencia del concepto bancario comercial tal cual lo conocemos hoy.

Por lo tanto, es obvio que habrá crisis del negocio bancario y en algún momento descubriremos que los bancos centrales tienen un límite. A este escenario, le sumamos que la panacea de los BRICS se ha esfumado. A excepción de la India todos los países de este grupo se encuentran en recesión y con problemas muy serios en sus estrategias de desarrollo. Al fin y al cabo pensar que las materias primas desarrollan a los países es un concepto poco realista en la historia económica.

Con este panorama no es de extrañar que en los próximos semestres asistamos a fuertes desajustes de la economía mundial, que pueden provocar serios reveses en la economía que afecten al movimiento de capitales, el comercio mundial y produzcan una ralentización del crecimiento.

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Con este escenario, vuelve a ponerse de moda el argumento del estancamiento secular, concepto puesto en circulación a fines del año 2013, por el ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers. La idea no es nueva, viene de los años 30 del siglo pasado cuando Hansen (1938) atribuyó las dificultades para recuperar los niveles de actividad a factores de orden estructural. Hoy muchos piensan que la situación es similar; ya que, si bien hemos salido de la crisis, entramos en un estancamiento secular que no permite a la economía aprovechar su potencial. Summers habla que la diferencia entre lo que producimos y lo que podemos producir con nuestros recursos y tecnología es del 10% y todo esto porque hay factores estructurales que no permiten igualar los ahorros con la inversión. Por el contrario hay un exceso de ahorro y una exigua inversión, los precios caerán y la demanda no se recupera. Esto no es una nueva recesión sino que estamos transitando un estancamiento que a veces se disimula con políticas públicas pero estas no han sido suficientes o pero aún han sido poco adecuadas y cada tanto la realidad aparecerá en forma de amenaza de recesión hasta que por fin seamos capaces de explotar nuestro potencial, crear demanda e invertir (el ABC de la economía)

Más pronto que tarde, el próximo gobierno de España debe definir políticas que, por un lado, incluyan respuestas a las amenazas externas, que vendrán de la mano de contagios y que afectarán básicamente a las cuentas externas y a nuestra capacidad de financiación. Y, por otro lado, a las amenazas internas ocultas bajo la superficie, lo que implica tomarse en serio que crecer no es solo tener una “tasa de crecimiento”, sino, básicamente, mejorar la productividad y la competitividad internacional. Y, mientras reparar los efectos de la crisis en las capas mas desfavorecidas, que si bien no son muchos en términos cuantitativos si lo son en términos de perjuicios. El populismo puede echar por traste esta estrategia, y las políticas conservadoras pueden ahondar en las restricciones de una convivencia social que el 20% mas pobre de la población no creo que pueda seguir soportando.

El Medio Ambiente y la encíclica LaudatioSi´

Environment and Encyclical LauadatioSi´

The idea of this post comes from the recent publication of the encyclical of Pope Francisco I, LaudatioSI´and the UN proposal on “Sustaniable Development Goals” (ODS). I don´t want to go beyond a general reflection on the issues we can find underline in the encyclical and particullary think about the “trilema”; development-enviroment-poverty.

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La idea de este post parte de la reciente publicación de la encíclica LaudatoSI´ del Papa Francisco y de la propuesta de la ONU sobre los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS). No pretende ir más allá de una reflexión muy general sobre cuestiones que están subyacentes en la encíclica y especialmente sobre los problemas ambientales más significativos. Cuestiones ambientales, justamente en un año donde, además, de sumarse la Iglesia Católica con la encíclica de Francisco, la ONU echa el resto en París y New York con objeto de dar impulso a los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS) y lograr compromisos que revitalicen el Protocolo de Kyoto para mejorar uno de los problemas ambientales mas serios a los que se enfrenta la humanidad: el calentamiento global.

No tiene demasiado sentido analizar cuáles son los problemas ambientales más importantes, pues mal que bien (la encíclica y la ONU) los describen de una manera adecuada; la primera, en el capítulo primero -Lo que le está pasando a nuestra casa- y, los ODS, en un sentido muy parecido, también los describe con precisión.

Mi primera reflexión es que resulta poco estimulante considerar solamente los problemas de carácter global, aunque resulta muy efectista; pues, también, hay problemas ambientales de carácter nacional y local, que, si bien no  influyen de manera determinante en el futuro del Planeta, están ahí. Y, afectan al bienestar de las personas.

En este sentido, el desplante que se le hace a la “Economía Ambiental” es notorio. Muchos problemas ambientales, locales y nacionales, se han resuelto, y, ha mejorado el bienestar de la sociedad, a partir de soluciones que da la Economía. Tal es el caso de las “técnicas de valoración monetaria” (pensemos por ejemplo cuánto debe ser la tasa acústica para las compañías que operan en los aeropuertos); o, la aplicación de “instrumentos económicos”en las políticas ambientales (qué útiles han resultado ser los mecanismos de desarrollo limpio -MDL)

En segundo lugar, la Ecología, sin lugar a dudas, tiene mucho que decir a la hora de comprender como funcionan los sistemas que conforman el funcionamiento de la vida en nuestro planeta. Esta reflexión tiene que ver con las intenciones de los que se empeñan en recurrir en proponer metas exigentes y dan cifras sobre reducciones de CO2 (por poner un ejemplo), que sin duda son complicadas de cumplir. Muchos dirán (y, en esto, la Encíclica es un claro ejemplo) que hay que perseguir la utopía; pero, resulta que en las negociaciones que dan lugar a los acuerdos sobre el clima hay dos variables a considerar: una los límites que se proponen (umbrales); y, otra es la probabilidad de que el evento sea posible (incertidumbre).

Simplemente aplicando la teoría de juegos se demuestra que, mientras mejores estén definidos los umbrales, menor probabilidad de incertidumbre se produce, y, el resultado es que la cooperación es mayor. Hasta ahora, y, tanto la Encíclica como la ONU, insisten en poner umbrales exigentes. Y, así solo logran mayor incertidumbre y menos cooperación, tal y como ilustran la historia de los acuerdos y sus denuncias.

Así podemos entender que establecer umbrales menos ambiciosos no significa ser irresponsables, sino todo lo contrario. Pero muchas veces lo “politicamente correcto” es proponer más y más. Un estupendo ejemplo sobre la aplicación de la teoría de juegos en el ámbito de la negociación del clima lo encontramos en Barret, S. and Dannenberg, A (2012).

Una tercera reflexión tiene que ver sobre quién le da valor al Medio Ambiente. Por descontado, esta pregunta nos obligaría a un post específico y mucho más detallado. No obstante, parece que hay cierto acuerdo en que, para bien o para mal, es el “hombre”el único que puede asignar un valor al medio ambiente. Esta visión antropocéntrica, posiblemente es bastante limitada. No se nos escapa que necesitamos extenderla a fin de considerar casos, donde algunas cuestiones ambientales tienen un valor muy elevado. La visión antropocéntrica debe ampliarse.El ser humano es el único depositario de valores morales, y, en esa singularidad reside el imperativo que le compele a reconocerse con obligaciones consigo mismo y con su entorno, deberes de protección y cuidado con aquello que conocemos como la “naturaleza”.

En este sentido, la Iglesia, y esta Encíclica en particular, nos ofrecen una revisada exégesis de la narración que nos ofrece el Génesis de la “Creación”. Afirma su convicción de que “el hombre dominará esta Tierra”, para seguidamente agregar “responsablemente”. Lo cual sigue siendo una visión antropocéntrica. Y sigue, aunque ampliada, quedando alejada de algunas visiones ecologistas donde existe una clara contradicción a la hora de proponer mejoras. Tampoco es fácil dar contenido al término “responsablemente”. Quién suponemos que ostenta la legitimidad de decidir el alcance de lo responsable. Llegados a este punto, relacionando el uso responsable de los recursos con el concepto de pobreza, la cuestión se torna compleja. Muchas veces para paliar la pobreza, el ser humano no actúa responsablemente con la naturaleza. ¿Tiene derecho a ello?. Desde mi punto de vista, claro que sí.

Hemos pasado de la única época estable para la Tierra (unos 1000 años) el Holoceno a la del Antropoceno, y, por ello, son muchas las presiones y los límites que hoy deben afrontarse con un paradigma diferente, donde el crecimiento de la población estén en el centro del debate, parafraseando a Rockstrom (un video que vale la pena ver) :

“El problema es que estamos exprimiendo a este pobre planeta; una explotación que, como presión principal, tiene al crecimiento demográfico, claro. Pero esto no se trata sólo de números. No se trata sólo de que somos 7.000 millones de personas en vías de ser 9.000 millones, también es una cuestión de equidad. La mayoría de los impactos ambientales en el planeta han sido provocados por la minoría rica; el 20% que se subióal tren industrial a mediados del siglo XVIII. La mayor parte del planeta, que aspira al desarrollo, que tiene derecho al desarrollo, aspira con ansias un estilo de vida insostenible, una presión trascendental.

En este sentido, la Iglesia no ha sido capaz de mencionar de forma clara en esta Encíclica la primera fuente de presión: el crecimiento de la población y la necesidad de hacer algo para conseguir la sostenibilidad. Tampoco la ONU ha sido explícita diciendo que este debería ser un objetivo. En mi opinión, como en la de muchos, no es la única presión, pero, sin lugar a dudas, para lograr un desarrollo sostenible, controlar la explosión demográfica actual es una condición necesaria.

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Una cuarta reflexión muy breve que me gustaría comentar es que la Encíclica si pone el dedo en la llaga al redefinir el concepto de sosteniblidad, ya que incorpora la equidad intra-generacional, que el mundo de la ecología ha ido abandonando poco a poco en beneficio del discurso inter-generacional. Lo único relevante para mejorar la sostenibilidad es reducir los niveles de pobreza, o, lo que es igual, solo logrando mayor equidad, seremos capaces de saber si estamos dispuestos a cuidar este planeta para las futuras generaciones. Olvidarse de este tema es no querer enfrentar el problema. Se hace necesario volver al espíritu de la definición de DS que se pensó en 1983 por la Comisión Brundtland (un informe original que vale la pena leer con atención)

“Está en manos de la humanidad hacer que el desarrolla sea sostenible, duradero, o sea, asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias.La Comisión cree que ya no es inevitable la pobreza general. La pobreza es no sólo un mal en sí misma. El desarrollo duradero exige que se satisfagan las necesidades básicas de todos y que se extienda a todos la oportunidad de colmar sus aspiraciones a una vida mejor. Un mundo donde la pobreza es endémica estará siempre propenso a ser víctima de la catástrofe ecológica o de otro tipo.”

Debo decir que, es tanto lo que cuesta desde el punto de vista ambiental lograr la equidad intra-generacional, que solo es posible con una reducción sustancial de los niveles de vida de los países de la OCDE. ¿De verdad creemos que es posible algo así?. Personalmente, creo que no; y, si no estoy equivocado, el discurso que vincula la pobreza y el medio ambiente puede ayudar y tranquilizar conciencias; pero, no es realista. Una buena forma de evitar instalarnos en el cinismo puede ser poner el énfasis en las generaciones venideras….. (en la equidad intergeneracional)

Para terminar, una reflexión sobre la imposibilidad de lograr todos los objetivos. Todo no se puede, la Encíclica pide todo a la vez, y, creo que no posible. La idea (que se repite de forma constante en la Encíclica) de corregir el funcionamiento del capitalismo mundial, de evitar las externalidades negativas de la globalización etc.. sin duda pueden ayudar a generar un ambiente mas sostenible, pero no necesariamente conlleva un desarrollo tal cual lo entendemos. Porque muchos de los beneficios que hacen que el ser humano disfrute de niveles de vida impensables hace cien años llevan implícitos el modo de producción capitalista. Podemos ilustrarlo con dos ejemplos: la energía y el empleo. En el primer caso, es necesario el crecimiento, y, por tanto, el aumento de la demanda de energía que no puede ser cubierta por las energías“renovables”en el mediano plazo. ¿Qué hacemos?. Producimos energía mas cara, quizás una solución intermedia sea mejorar la eficiencia. Respecto al empleo, su creación es una necesidad acuciante que se prioriza muy por encima de la sostenibilidad. La economía no generará el empleo suficiente para cubrir una oferta creciente, sin un crecimiento económico acelerado. ¿Qué hacemos?. Dejar a la población en el paro indefinido. No creo que esto sea posible.

En definitiva, los temas que hoy se debaten, por supuesto, que son relevantes. Pero, sobre todo implican un trilema a la hora de buscar soluciones: medio ambiente- crecimiento  y pobreza.


MAFALDAMUNDO

Daniel Sotelsek

La Tragedia Griega Toca su fin

After a few months away, I´m back with a post of a major topic as far as macroeconomic policy is concerned. The endless Greek tragedy. And why is it endless? Basically for three reasons.

The first reason to analyze is the longevity of the crises, almost five years over the edge.  Secondly, we need to understand the importance of  streamlining  the decision-making  process and try to remove the eternal bureaucracy that it involves.
Last but not least, delve into a deeper topic, which refers to the voluntary choice of the member countries of the European union at the time of transferring the monetary sovereignty.
In my opinion this process needs to end. Based on the classic idea of the tragedy , when the end is known , the tragedy is consummated . And I think that we all know which is the end for Greece : a default on its debt , whatever the stated context is. 

A mi vuelta con el blog depués de un receso, recurro al tema de mayor actualidad en lo que a política macroeconómica se refiere. La interminable tragedia griega”. Y, es tragedia y es interminable básicamente por tres razones.

La primera, porqué un país como Grecia no se merece estar tanto tiempo (casi cinco años) al borde del abismo. Desde el primer rescate financiero, su gente está sufriendo sin saber para qué, ni para cuándo se prevé el final. El segundo motivo es porque la tragedia griega ha puesto de manifiesto la pesada maquinaria europea de toma de decisiones, que se enreda en consultas y reuniones del Consejo Europeo hasta tal punto que es casi imposible seguir los acontecimientos de forma ordenada.  Este laberinto decisional implica un riesgo que va más allá del propio problema griego y que se adentra en las tripas de una Unión que tiene todas las papeletas para fracasar en su visión de alcanzar una Unión cada vez más estrecha, que lleve quizás a los Estados Unidos de Europa.

La tercera cuestión tiene que ver con un tema más de fondo, que se refiere a la elección voluntaria de los países miembros a la hora de ceder su soberanía monetaria. Hasta ahora los ejemplos eran casi insignificantes como Ecuador o Panamá, pero el Euro ha demostrado que el concepto de “las áreas monetarias óptimas” no era tan antiguo y, que asimilar un sistema de cambio “super fijo” tiene entre sus riesgos la incertidumbre del “coste de salida” que nadie conoce; pero que, a tenor, de los últimos acontecimientos  no son temas despreciables. A Merkel y a Hollande ya se les nota preocupados.

Mi opinión es que este proceso toca a su fin. Y, me baso en la idea clásica de la tragedia. Cuando se conoce  el final,  la tragedia está consumada; y, en este caso me parece que todos sabemos cuál es el final, al menos para Grecia: un impago de su deuda sea cuál sea el decorado de este último acto y, sea cuál sea el tiempo de representación en la dilatada negociación europea.

Veamos rápidamente los números para situarnos: Grecia tiene una deuda de unos 315 mil millones , un PIB de unos 200 mil millones, un crecimiento entre 0% y 1% y unos intereses que, en promedio (esto cada vez es más difícil de calcular dada la variedad de mecanismos que se usaron para refinanciar en los últimos años) pueden oscilar entre un 3% y 4%. Para pagar los intereses necesita, aproximadamente, un 5% o 6% de su PIB. Si sigue creciendo a este ritmo y, en teoría, cumple con el rango de déficit/superávit primario de 0%  a 1% (lo cual implica menos necesidad de financiamiento) no hay solución posible.

Para muestra un botón, los vencimientos del 2015 representan un 12% del PIB aproximadamente.

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Para pagar su deuda necesita que estos números cuadren de alguna forma razonable:

a) Incrementar el crecimiento (recordemos que es una economía con un 26% de sus recursos laborales en paro) a tasas cercanas al 6% sostenido en el tiempo. Este escenario queda descartado como solución en el corto plazo. Más aun conseguir que sea vía inversión y por cuenta externa más que de consumo, lo que implica aún mas sacrificios para la población.

b) Superávit primario del orden del 6% para poder hacer frente a los intereses lo que se logra subiendo impuestos (sin que la actividad no se deprima) a una sociedad que no tiene una estructura institucional consolidada; o, bajando los gastos del Estado (la pregunta es por dónde se puede comenzar, sin que esto signifique un adelanto de las elecciones y vuelta a comenzar). Este escenario también queda descartado en el corto plazo.

c) Que la deuda deje de ser una preocupación para la política económica. Y, esto se logra o bien “reestructurando la deuda” (en cualquier forma: quita, plazos perpetuos, intereses cercanos a cero etc etc). O bien, “dejando el euro y pasando a una moneda nacional” que se pueda devaluar (con el coste que supone un corralito: fuga de divisas y cierre de los mercados) a costa de hacer un default o impago preventivo.

Como se puede observar la tragedia está consumada y el final va depender, no tanto de los griegos sino de los acreedores, que a estas alturas ya valoran el coste de salida del euro, o bien asumiendo el impago, como es obvio, o bien perdonando las deudas,  lo cual implica un antecedente desconocido en la UE.

A estas alturas, la UE, el BCE y el FMI actúan como los verdaderos protagonistas de la tragedia, asumiendo que el camino de las reformas llevarán a Grecia a una salida ordenada de su problemática. Pero todos saben que este camino reformista solo supone ganar tiempo, pues no hay nadie que se atreva a decir que subiendo el IVA se recaudará lo suficiente; o, que bajando las pensiones, el gobierno podrá aguantar. Este camino no se puede hacer desde el euro, sino desde una devaluación nominal que permita una primer sinceramiento de la economía. Parece obvio, pero hemos olvidado que la moneda representa dos cuestiones fundamentales: la riqueza de un país, y la confianza de generar más riqueza y pagar las deudas. Así que en este escenario, Grecia debería tener una moneda mas devaluada, sin lugar a dudas.

Esta reflexión no es gratuita en la práctica. El default te saca de los mercados un tiempo mas o menos largo, los capitales huyen. En realidad, la fuga de capitales no es algo nuevo. En abril se fueron del sistema bancario griego 5.000 mil millones de euros y el BCE tiene prestado 80.700 millones en líneas de emergencia, que se garantizan con letras griegas de corto plazo. Europa repudiará esta acción en función de los efectos colaterales que produzca la salida del euro; y, por otra parte en Grecia el fenómeno de la inflación generado por una posible devaluación distorsionará una salida ordenada.

Algunos opinan (entre ellos Klaus Scmidt-Hebbel) que esta conclusión es buena para el mundo, pues se pone en tela de juicio la entrega de la soberanía monetaria a una Unión política sin haber acordado la entrega de soberanía en política fiscal. Así se pone en evidencia que la corrupción del sistema político es mucho más costosa: en inestabilidad política y en subdesarrollo económico. Situaciones como ésta piden a gritos reformas de libro que no funcionan como se esperan y, por último, se hace más evidente el riesgo de la aparición de los populismos.

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La segunda razón que mencionamos es que lo que suceda a estas alturas y con dos rescates a cuestas y un tercero en camino,  supone que la UE ya no puede echar órdagos a nadie. Los comunicados europeos sobre la tragedia griega ya no se toman en serio en los mercados. Las discusiones en el seno de Europa (tanto de los líderes de los gobiernos como del Eurogrupo –incluido por cierto el FMI- parecen una discusión de patio de vecinos, donde se aspira no ya a una solución para Grecia y los acreedores, sino a disimular actitudes que no resten votos en las circunscripciones nacionales. No es serio que varios millones de griegos se levanten con la incertidumbre de cobrar o no sus pensiones porque una línea del memorándum de Yanis Varufakis incluye una coma en un sitio inadecuado. Ya es hora de tomar de decisiones y decir si los que pierden son los acreedores o son los griegos. La incertidumbre no es un buen consejo en economía y esta tragedia dura cinco años, con lo cual el daño mayor ya está hecho. Pase lo que pase a Grecia nadie le devolverá su bienestar y Europa quedará en el lugar que se merece: “no sabe no contesta”. Los argumentos del “moral hazard” y del “me too” (para ver estos argumentos un excelente artículo de Pablo Gerchunoff y Llach) cada día tienen menos relevancia porque la realidad se impone. Grecia está en quiebra y, también pesan los argumentos políticos. Si Grecia se salva, quien gana políticamente es la izquierda más radical y este factor puede ayudar a que en otros países las ideologías populistas avancen. Pero nuevamente la realidad política puede superarnos y si hay quiebra, es posible que los radicalismos de uno u otro signo salgan todavía más fortalecidos.

Por último, hagamos una breve referencia al proyecto del euro,  que está en tela de juicio con Grecia. Puede iniciarse un efecto dominó que afecte a otros países, cuyo nivel de endeudamiento y déficit público tampoco son viables si tienen que pagar sus deudas en solitario sin la ayuda Europea. En este sentido, si Europa quiere una moneda común, al menos, tendrá que tener una política fiscal común (esto implica renunciar a la soberanía fiscal) y poder emitir eurobonos, porque éstas dos últimas cuestiones son la base de una moneda común). Es la única salida para restablecer la confianza en el sistema y generar expectativas favorables de que las deudas se pagan. En definitiva, supone tener un banco central que puede emitir moneda en la misma denominación que los compromisos que se adquieren. No se puede echar balones fuera durante tanto tiempo porque donde no hay confianza, no hay expectativas. Y, donde no hay expectativas favorables, no puede haber una moneda común. Esto es cierto con Grecia dentro del Euro, o fuera del Euro.

El final dependerá de muchos factores y los resultados sobre los costes y beneficios de salvar o no a Grecia; y, de qué Grecia se quede o no en el  Euro están en su fase decisiva. Pero esto no obvia, que la tragedia griega ya toca a su fin.  Las expectativas se han desvanecido y la incertidumbre campa por doquier.

Daniel Sotelsek

Bitcoins: Más BITs que COINs

A pesar de parecer un tema muy novedoso, ya en 1998 Wei Dai propuso un nuevo tipo de dinero que utilizara la criptografía para el control de sus transacciones e incluso para la propia creación de moneda, sustituyendo así el concepto de autoridad centralizada como emisora de moneda por el de “moneda criptográfica” que realmente no depende de nadie en concreto.

Hasta que no pasaron 11 años y en 2009 Satoshi Nakamoto desarrolló el protocolo Bitcoin, por lo que se le considera el “padre del Bitcoin” cuando en realidad esto es parecido a considerar a Gutenberg el “padre del papel” cuando lo que realmente hicieron es dar una aplicación práctica a unas tecnologías que existían desde (mucho) tiempo antes.

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Bitcoin es, según la definición más aceptada,  “una red consensuada que permite un nuevo sistema de pago y una moneda completamente digital”. Una de las principales características de Bitcoin es que supone la primera red entre pares de pago descentralizado sin una autoridad central regulatoria. Esto es lo verdaderamente novedoso, los pagos y las relaciones de confianza se establecen entre pares, no dependiendo el valor de la moneda de la confianza en un país emisor, sino en la propia relación oferta/demanda de sus usuarios. Lo que hace distinto al Bitcoin es esto, su descentralización, lo que la convierte en el único sistema de contabilidad triple que existe en la actualidad.

Una de las cosas que más se critican sobre Bitcoin es que nadie lo controla, ni su tecnología ni su  valor con respecto al resto de monedas que componen el dinero fiat (Dolar, Yen, Euro, Libra, etc.). Esto es parecido a criticar que “nadie controla” el correo electrónico, aunque los programadores generan y amplían el código, son todos los usuarios del mundo los que realmente lo controlan y Bitcoin solo puede funcionar si hay un consenso entre todos aquellos que lo usan, y esto se hace a través de lo más novedoso del Bitcoin, su tecnología, la tecnología de bloques.

Según la Bitcoin Foundation, “desde la perspectiva del usuario, Bitcoin no es más que una aplicación móvil o de escritorio que provee un monedero Bitcoin personal y permite al usuario enviar y recibir bitcoins con el. Así es como funciona Bitcoin para la mayoría de los usuarios. Detrás de las cámaras, la red Bitcoin comparte una contabilidad pública llamada “block chain”. Esta contabilidad contiene cada transacción procesada, permitiendo verificar la validez de cada transacción. La autenticidad de cada transacción esta protegida por firmas digitales correspondientes a las direcciones de envío, permitiendo a todos los usuarios tener control total al enviar Bitcoins desde sus direcciones Bitcoin. Además, cualquiera puede procesar una transacción usando el poder computacional de hardware especializado y conseguir una recompensa en Bitcoins por este servicio. Esto es comúnmente llamado “mining” o minería.”

https://www.youtube.com/watch?v=Gc2en3nHxA4

La quiebra de una de sus principales plataformas de trading (MtGox) ha incluso ayudado a que entrar en el mundo del Bitcoin sea más accesible para los usuarios. En la actualidad plataformas como Coinbase permiten acceder y operar con facilidad, incluso desde el propio teléfono móvil con su app para iPhone y iPad.

Se ha criticado mucho sus fluctuaciones de precio (que realmente obedecen a un sistema de Bid y Ask equivalente al de cualquier empresa con poca capitalización en bolsa, en la que una compra o venta masiva altera mucho el precio) y que en sus orígenes se ha utilizado para asuntos turbios o cuanto menos opacos a la ley, pero probablemente todos recuerden lo que ocurrió en los principios de internet, donde los más aventureros también fueron los que trataban de dar salida a mercados oscuros e incluso ilegales o alegales.

Lo que es incuestionable es que de la misma forma que en la Edad Media nadie hubiera entendido que se hablara de separación entre iglesia y estado, esta tecnología de bloques ha permitido descentralizar cosas que aún hoy nos parecen impensables, como la separación entre moneda y estado. Desde mi punto de vista lo mejor de Bitcoin es su tecnología, que permite descentralizar cosas antes impensables, más que su valor o utilidad como moneda, que puede ser cuestionable desde un punto de vista ortodoxo, con sus ventajas (libertad de pagos, neutralidad y seguridad) y desventajas (grado de aceptación relativamente pequeño, desarrollo aún en Beta y volatilidad del valor).

La realidad es que no hace falta imaginar una ciudad como Madrid en la que se pueda pagar en Bitcoins desde ropa de lujo hasta servicios médicos o de abogados, ya que esto es posible desde hace varios meses en la llamada “Calle Bitcoin” de Madrid.

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Para poder acercarnos desde el perfil adecuado y sin tapujos al Bitcoin, les propongo que entiendan el Bitcoin no como una Moneda, sino como una tecnología descentralizadora que, aplicada a los medios de pago, permite cambiar cosas que nunca hubiéramos creído posibles, por lo que podemos concluir que lo realmente innovador de los BITCOINS está más en la parte de los BITs que en la de los COINs.

Para un próximo post nos adentraremos en el mundo de la llamada “economía colaborativa” donde muchos de los principios que operan en  la economía tradicional comienzan a tambalearse….

¡Felices Fiestas a todos!

Daniel Sotelsek @Dfedericos
Luis González Lorenzo @lugonlo

El que da y reparte se queda con la mejor parte: La desigualdad en la distribución de la renta

 

The one that gives and distributes gets the best part: The income inequality

In this post, I would like to reflect on a very important topic to the economists in recent months: I am referring to the inequality of income distribution. The first question to analyze is that this issue is much more complex than it initially appears, what is the measure under consideration?. Income inequality between people (functional inequality); inequality in the territories (regional inequality);or inequality of income distribution between generations (temporal inequality). In this sense the book of Piketty is a good approximation to the discussion.

En este post me gustaría reflexionar sobre un tema muy de moda en los últimos meses tanto entre los economistas como en la sociedad en general: me refiero a la desigual distribución del ingreso.

Lo primero que debemos decir es que esta cuestión resulta mucho más compleja de lo que aparece a primera vista, ¿cuál es la medida que estamos considerando? la desigualdad de la renta entre las personas (desigualdad funcional ), la desigualdad en la distribución de la renta en los territorios (desigualdad regional) o la desigualdad de la distribución de los ingresos entre las generaciones (desigualdad temporal). Según sea el caso puede suceder que personas que tienen una renta parecida en un país consideren que la desigualdad de la renta regional es lo importante. También puede suceder que países (OCDE) con igual renta y distribución (convergencia) entre un grupo de países (OCDE) consideren que lo importante es que las generaciones presentes estarán mucho mejor que las generaciones futuras.

Lo segundo y no menos importante es definir donde están los límites de una desigual distribución de la renta. Muchos aceptarían de buen grado que una mejora en la distribución (equidad) forma parte de una mejora en el bienestar social, pero recordemos que el bienestar social también requiere de un nivel de eficiencia (crecimiento). Por ello, fijar el umbral no es una cuestión baladí y, en todo caso, representa un juicio de valor muy difícil de distinguir. Me atrevería a afirmar que a mayor igualdad no implica necesariamente un mayor bienestar.

La tercera cuestión tiene que ver con la definición de renta: la idea es sencilla: con más renta, las personas pueden tener acceso a más bienes y servicios, pero también es cierto que hay un agente que es el Estado que puede redistribuir la renta a través de la provisión y disfrute de los así llamados bienes públicos. (salud y educación) Esto último casi nunca se incorpora en las medidas tradicionales de desigualdad. (índice de Gini, curva de Lorenz,etc.) Además, es curioso, pero la globalización también provee “bienes públicos” globales que poco a poco se van incorporando en nuestro devenir diario.

En fin, un tema complejo que casi siempre se decanta por un sesgo muy peculiar y jerarquizado donde primero se considera la desigualdad entre las personas, luego entre los países y muy poco entre las generaciones. Dicho esto, mi reflexión seguramente pecará de más de lo mismo y será susceptible de muchas críticas.

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Piketty, el economista de moda, con su libro “Le capital au XXI siècle” ha dado una patada en toda regla al avispero y saca dos conclusiones muy contundentes: la primera es que el rendimiento del capital en un sentido amplio (tanto de las rentas como del patrimonio) se ha mantenido constante durante muchos años (su estudio comienza en el siglo XIX para algunos países) y ha sido muy superior a la tasa de crecimiento de la economía lo que deja mal parado a la parte de la renta del trabajo. Este hallazgo implica que la distribución del ingreso va de mal en peor para la mayor parte de las sociedades (independientemente de su nivel de desarrollo). La segunda conclusión es que esta situación que denomina “capitalismo patrimonial” junto a una estabilidad en el crecimiento de la población llevará a la sociedades a niveles inaceptables de convivencia. Su tesis se apoya en evidencias empíricas: el mundo ya pasó por esto a principios del Siglo XX, cuyo resultado más inmediato fue la Primera Guerra Mundial.

El estudio de Piketty no hubiera sido muy cuestionado por algunos economistas de no ser porque pone en entredicho principios básicos de la teoría económica: -amén de la crítica de algunos autores como Giles´s o Sala -i -Martin que se centran en constatar errores en los datos, y que desde mi punto de vista no son tan relevantes-.

El primero es que el rendimiento del capital se presuponía que era decreciente y, por ello, a medida que se acumulaba más y más, rendiría menos y menos. Sin embargo, por muchas razones que en este post no trataremos en detalle (en todo caso menciono una que es la globalización) este principio no se ha cumplido. Los rendimientos del capital se han mantenido y se mantendrán constantes y, por encima del crecimiento del PIB (renta). El segundo principio tiene que ver con lo que afirmaban muchos economistas del desarrollo (entre los cualesKuznets y su ya famosa curva en forma de U invertida) respecto al punto de inflexión por encima del cual cuando una sociedad alcanzaba un determinado nivel de renta la distribución del ingreso mejoraba. En otras palabras, los datos que parecían mostrar cierta igualación de la renta del capital y el crecimiento (lo cual indicaría que la distribución mejora) estaba muy sesgada por un período de “oro” que abarcaba los años posteriores a la segunda guerra mundial (1950) hasta la crisis del sistema financiero internacional (1971).

Aún más en Estados Unidos, Japón o la propia UE, la desigualdad no sólo está aumentando en líneas generales, sino que hay una porcentaje en lo alto de la pirámide, el 10%, el 1% y el 0,1% que cada vez acumulan un mayor nivel de riqueza; y, esto no puede continuar por mucho tiempo afirma Piketty, quién propone algo así como un impuesto mundial al capital.

La medida de desigualdad que Piketty y sus colaboradores proponen viene a ser la cantidad de años medidos en ingresos (PIB) que contiene la cantidad de capital de una economía. O sea un “5” significa que un país necesita 5 años de PIB para alcanzar la medida del stock de capital o de la “riqueza”.

En este sentido, han aparecido numerosas reflexiones en torno a las conclusiones y medidas usadas por Piketty, pero sin duda quién más nos ilustra (no podía ser menos) es un artículo de Robert Solow (padre de la teoría moderna del crecimiento económico) al respecto. Si bien los argumentos de Solow son muchos mas detallados, se puede decir de manera resumida, que para él lo importante es encontrar las causas del problema. Qué es lo que hace que las sociedades distribuyan de forma inequitativa. Menciona lo que ya era de sobra conocido: las causas pueden ser la caída del salario, la falta de protección sindical, los contratos, los cambios tecnológicos, la segmentación del mercado del trabajo, la globalización, etc… Sin embargo, hay algo que no explican estas causas y es el crecimiento desmedido de ese 1% que cada vez tiene mayores ingresos y riqueza.

Una primera aproximación al núcleo del problema parte de distinguir la idea que tenemos de riqueza, que a su vez genera una renta anual, de la idea de capital como factor de producción (maquinarias por ejemplo) que es la llamada renta del capital; pero es distinta a la idea de riqueza, sobre todo porque muchos activos que forman parte de la riqueza no son productivos en un sentido tradicional. (Solow pone el ejemplo de un cuadro valioso colgado en una pared cuyo “renta” depende de las condiciones de mercado y no de la productividad).

Solow insiste en que este punto es el relevante y es lo novedoso en la discusión de Piketty: si la tasa de retorno del capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía (incluida la población) sin duda la distribución mejora en el sentido del capital y empeora en el sentido del trabajo. Y aquí entra el 1% de los más ricos pues ellos obtienen ingresos de la acumulación de su riqueza (obtenida a través de sus elevados salarios) pero como no gastan todo lo que ingresan, siguen acumulando riqueza. Y así sucesivamente de manera tal que a largo plazo si bien la tasa de retorno del capital productivo (dadas unas condiciones normales) se mantiene constante, no sucede lo mismo con el ratio riqueza-ingreso que cada vez es mayor. Lo que termina con la idea de una distribución de la renta que cada vez es mas injusta.

En pocas palabras es el ingreso proveniente de los salarios de los más ricos que acumulan riqueza lo que explicaría, en principio, la idea de Piketty sobre la distribución del ingreso. Y, no necesariamente la idea de que los rendimientos del capital son mayores que los rendimientos del trabajo.

Otra cuestión que resulta de interés es preguntarse: porqué está sucediendo (como nunca antes en la historia de los países desarrollados) que pocos tengan tanto. No estoy seguro de la respuesta pero el fenómeno de la “globalización” nos puede dar una primera pista. D. Rodrik define a la globalización como “la integración comercial y financiera intensificada”. Si esto es cierto, y muchos aún dudan de que se esté produciendo una verdadera globalización (lo cual significa que apenas hemos visto el principio), es posible que la expansión de los mercados genere una prosperidad sin precedentes si nos atenemos a que cada uno produzca lo que sabe hacer mejor y lo podamos vender a una clientela global.

Por otra parte, el Estado Nación cada vez tiene menos oportunidades de regular este proceso, y recordemos que es el Estado y no el mercado el que podría ayudar a mejorar la creciente desigualdad en la distribución del ingreso. En definitiva, si defendemos la jurisdicción nacional se puede perjudicar la eficiencia que generan mercados globales; pero si defendemos la jurisdicción global se puede perjudicar la equidad que aseguran las reglas de juegos nacionales.

Un mundo mas amplio implica empresas y megacorporaciones antes desconocidas y la gestión empresarial genera una clase diferente de trabajadores (el 1%, 0,1%) cuyos ingresos hacen que la tendencia de la distribución de la renta sea cada vez a peor y refuerce el argumento de Piketty y porqué no las ideas preliminares de Maskin sobre los efectos de la globalización y la desigualdad entre los trabajadores de los países menos desarrollados lo cual explicaría la segunda cuestión: porqué los países pobres no alcanzan a los países ricos, sino todo lo contrario.

Por último, y solo de pasada me gustaría mencionar lo que sucede con la desigualdad entre los países: hasta que punto los países pobres están alcanzado a los ricos (convergencia) en los niveles de renta.

Hasta no hace mucho, veinticinco años atrás se creía que, por fin, los países menos desarrollados convergerían con los niveles de renta de los países ricos. Quizás la tecnología y la globalización dieron rienda suelta a la idea de un mundo más igualitario; y que el concepto de economías emergentes reemplazarían definitivamente al concepto de economías subdesarrolladas. Pero a medida que han pasado los años, los datos y la experiencia no parece demostrar que esto sea así. Si excluimos India y China (que no es poco) la gráfica tomada prestada del Blog de Brookings Institutions (E. Talvi) muestra que comparado con EEUU la mayor parte de los países emergentes no convergen con la renta de EEUU. La gráfica de la derecha incluye solo América Latina y la situación es mas o menos parecida, aunque se puede destacar que la crisis del 2008 ha cambiado un poco la tendencia. Pero en un período de sesenta y cinco años la situación no solo no ha mejorado sino que ha ido a peor.

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En este sentido, el estudio de la convergencia ha regresado al principio: ¿Cuáles son los “drivers” del crecimiento? ¿Qué es lo que hace que una economía aumente su productividad? Aunque nos desagrade sabemos muy poco de estos temas como para asegurar que apostando por cuestiones como el capital humano o la tecnología, el crecimiento será suficiente para que los países rezagados alcancen a los países desarrollados.

Es probable y, solo probable, que podamos descubrir que la desigual distribución de la renta es uno de esos factores esenciales para la convergencia; y, por lo tanto, a medida que la distribución empeora, también le sucede lo mismo al crecimiento; y así el círculo vicioso se puede poner en marcha y el proceso de convergencia se aleja cada vez más.

Nos queda para un siguiente post tratar la tercera visión de la desigualdad: me refiero a la desigualdad temporal (generaciones presentes y futuras) Dejo un aviso a navegantes: la encuesta global de felicidad nos indica que más del 65% de los jóvenes creen que vivirán peor que sus padres….

Daniel Sotelsek

El futuro del negocio bancario en entredicho

The future of banking: ⇓⇓⇓⇓

“Big bank have changed a lot, but not sufficient , since the crisis (2008-2009) it has become commonplace to argue that bank should be run as utilities, not casinos”. What happens to the profits?.

El futuro del negocio bancario: “un mal presagio”

Las próximas horas conoceremos los resultados de los test del Banco Central Europeo sobre la banca, lo que ha despertado las alarmas en la prensa económica. Por supuesto tendremos análisis para todos los gustos. Ya ha empezado The Economist (25/10/14) calentando motores con un artículo sobre la deuda de los países en el que viene a decir, mas o menos, que la deuda es impagable; y, más si se suma que a la recesión, lo siguiente es la deflación.


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También se han adelantado, al coro que vendrá, voces nacionales que alertan de la recesión europea, que de darse, también será española. Santiago Carbó escribe en El País (21/10/14) un artículo muy interesante sobre la foto de lo que sería el purgatorio (7 años) de la banca europea. Lo que no sabemos es cuántos van al infierno y cuántos van el cielo. En todo caso, lo que si parece un hecho es que Europa en conjunto, y España en particular, no despega a pesar del activismo de Draghi y de la buenas palabras del ministro Montoro. Europa está en recesión y deflación, y España tiene 5,4 millones de parados, 6% de déficit, 300% del PIB de deuda pública y privada…

Pero de lo que quería hablar es de un tema algo mas de fondo que de coyuntura, aunque sin duda no es fácil desvincularlos. Me refiero a que, poco a poco, se va descubriendo que el negocio bancario está en declive y que sus causas se han agravado con la crisis. La tendencia venía de antes y, por lo tanto, la industria de la banca (especialmente, la comercial) ya no será la misma en el mediano plazo. Algunos se atreven a decir que “ya no será” en el largo plazo. Frases como “Too big to fail” seguidas de “Too big to bail out”, “leverage”, “bail out”, “bail in”, “Basilea”, “Tobin Tax”, “big data”, “Euribor flat” deberían habernos dado una pista de que las cosas no iban bien.

Hasta 2007, según Oliver Wyman (la consultora bancaria por antonomasia) la banca americana tenía retornos del 30% (acciones). En la actualidad, una vez ajustado el sector, la rentabilidad no llegaría al 8%, rentabilidad mas parecida a las compañías de servicios públicos. Incluso en 2013, el promedio para los grandes bancos no ha superado el 5%.

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Lo que está pasando es que los tres pilares sobre los que se sustenta la rentabilidad bancaria comercial (al menos en el mundo desarrollado) se están quebrando y el camino no parece tener un retorno fácil.

1. Los bancos necesitan de un ambiente donde la intermediación entre el ahorro y la inversión sea necesaria. Antes los bancos ayudaban a reducir los así llamados costes de transacción y las asimetrías de información. En otras palabras, alguien (los bancos) estaban en el medio para evitar costes y riesgos no deseados. La crisis ha demostrado que esto ya no es así. Al contrario, cuando los riesgos llamados sistémicos aparecieron, la justificación de la intermediación y la confianza sobre la industria cayó en picado.

2. Los bancos necesitan una ecuación de rentabilidad-riesgo que les permita obtener ingresos suficientes para mantenerse en pie, que están disminuyendo inexorablemente. Algunas variables coyunturales como los bajos tipos de interés pueden cambiar la tendencia en el mediano plazo (aunque la sangría de estos años puede dejar huella para aquellas instituciones que no han realizado una adecuada reestructuración). El resto de ingresos como las comisiones por servicios y los préstamos en condiciones ventajosas del BCE tampoco parecen ser el camino. (por cierto, es un tema que atañe a la política de ayudas y subsidios, de la que curiosamente nadie en la UE quiere hablar demasiado).

Pero el tiro de gracia a esta, antaño virtuosa, ecuación rentabilidad-riesgo viene del lado de las regulaciones que en pocos meses más se empezarán a imponer. Las normas de Basilea III (además de ser muy complejas en su cálculo –casi 5.000 variables) apuntan básicamente a tres cuestiones relevantes: la primera es el aumento del capital exigible, tanto en calidad como en cantidad (mayor seguridad pero menos rentabilidad). Y, esto especialmente aplicable para los bancos “too big to fail” llegando incluso a niveles que duplican los ratio anteriores a la Crisis (del 8% al 15%.) La segunda tiene que ver con el ratio de liquidez que ajustan el balance para evitar en lo posible crisis de liquidez (pues el riesgo sistémico hace que la frontera entre liquidez y solvencia sea cada vez mas fino y evita las ganancias vía desfase temporal). Esto implica un sistema mas desapalancado (leverage) o, lo que es igual con menos activos. Lo que supone, voilà, un sistema con menos crédito. La tercera vía apunta a cómo se comportarán en la gestión y la transparencia los bancos, ya que se reducen los incentivos para generar productos financieros de alto riesgo, y, al tiempo, aparece una reglamentación del supervisor orientada a que los problemas no los paguen los contribuyentes (bail out) sino los accionistas (bail in).

Todo esto tiene un claro componente restrictivo desde el punto de vista del negocio y, por tanto, de la rentabilidad. En este contexto, la pregunta obvia es: ¿Quién pone capital en una actividad poco rentable? Si, como parece obvio la respuesta es negativa -a no ser que se asuman mas riesgos- los bancos tendrán problemas para mejorar su capital y, en consecuencia, en un entorno donde la situación de la economía no es favorable, la falta de eficiencia del sistema es elevada, los préstamos disminuyen, las ayudas públicas (rescates) solo existen luego de la perdida del capital, etc. etc. Se genera un circulo vicioso donde el resultado es una caída en la rentabilidad desconocida hasta ahora.

3. En tercer lugar, los bancos, como industria, necesitan de un ambiente donde los costes de entrada sigan siendo importantes. O, lo que es igual, en un negocio donde los competidores se mueven en un mercado imperfecto, lleva naturalmente a la formación de bancos mas grandes. Inevitablemente, la hegemonía de estos bancos “demasiado grandes para caer” conlleva dejar un poco de lado la presión regulatoria y supervisora. Pero es evidente que la globalización tiene un apellido llamado “innovación tecnológica” que favorece que los competidores en esta industria aumenten y aparezcan nuevos jugadores, que conocen mejor el juego de las nuevas tecnologías. Es posible que veamos novedosas fórmulas y transacciones financieras que lleven, en algunos casos, a un perfecta desintermediación…

Dicho esto, son muchos los elementos que estamos dejando de lado, entre los cuales vale la pena destacar la propuesta de Piketty ahora y de muchos otros antes sobre el “Tobin Tax” (impuesto a las transacciones bancarias). Hay mucha literatura al respecto que se puede consultar, solo quería incidir en que el cóctel del negocio bancario parece tener una difícil solución. Seguramente nos llevará a cuestionar el funcionamiento de muchas entidades cuya ecuación rentabilidad-riesgo no dará respiro a la salida de capitales de la industria en busca de otros derroteros, algunos de los cuales tomarán el relevo de la tradicional banca comercial.

Mientras tanto, en Europa seguimos deshojando la margarita sobre la famosa intervención del BCE que nunca llega. En este sentido, los resultados  sobre el sistema europeo de bancos pueden dar un primera pista, pero creo que las ramas del árbol nos siguen tapando el bosque.

Por último, creo importante diferenciar este análisis de países mas o menos desarrollados. A estos últimos, es posible que el tirón del negocio bancario les sea mas duradero. Todo dependerá de la capacidad de adaptación que a estas alturas se nos antoja muy difícil de predecir.

Daniel Sotelsek

Argentina entre la recesión, la inflación o la estanflación

 

In these days  of a chaotic situation, Argentina has been obtained Griesa contempt. What does this new situation alter the course of events?, what are the consequences?

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En estos primeros días de octubre y, en medio de una situación caótica en lo económico, la actuación de Argentina ha obtenido por parte del Juez Griesa el calificativo de desacato. ¿Qué significa esta nueva situación?, ¿cuáles son las consecuencias?.

En términos generales no significa más que eso: des-acato, no cumplir la sentencia; pero, en realidad subyace otra cuestión que tiene que ver con castigar no solo el incumplimiento de la sentencia (tema que ya hemos analizado en este blog. Es obvio que no se puede cumplir por parte de Argentina lo que dice el juez pues pasaríamos de un “default selectivo” a un “default en toda regla”) sino la insistencia del Gobierno argentino en generar procedimientos, leyes y mecanismos para no cumplirla. Quizás el próximo capítulo de esta saga tenga que ver con la multa que puede imponer el juez, pero mucho me temo que todavía esta parte del culebrón no esté maduro.

En favor de Argentina, podemos decir que la sentencia es a todas luces injusta en el tratamiento formal de los intereses que el juez acepta  como normales; y, por último que los fondos buitre al tener otros instrumentos de especulación CDS con la propia deuda no tienen ninguna ganas de negociar al menos en el corto plazo.

En contra de Argentina, lo más obvio a censurar es el comportamiento del Gobierno, donde CFK está llegando a límites insospechados como presidenta de un país (acusación de intento de matarla por parte de fuerzas ocultas de los Estados Unidos) y que, además, el ministro Kicillof sigue estropeando la posibilidad de una negociación indirecta por parte de un grupo financiero para la compra de esta deuda. Las deudas pueden ser mas o menos injustas, pero no se pueden repudiar. Lo cual no significa que se no puede plantear, en las condiciones apropiadas, un “concurso de acreedores”. Mientras Argentina no supere la posibilidad de financiarse en moneda nacional, es un poco absurdo pensar que habrá financiamiento en las condiciones que pretende la nueva legislación aprobada el 11 del 11.

Las consecuencias de todo esto se pueden ver desde dos puntos de vista: uno más general y que tiene que ver con la conciencia que poco a poco se va generando en un grupo mayoritario de países sobre la necesidad de una “regulación internacional a la hora de la reestructuración  deudas soberanas” .

El otro más concreto para la Argentina lo podemos visualizar desde tres ámbitos distintos: en el plano económico hay muchas opiniones al respecto, pero creo que este lio de Griesa agrava la evolución de los indicadores macroconómicos (producción, inflación, tipo de cambio blue, etc etc… ) pero, también es cierto que enmascara una realidad que se veía venir desde hace un tiempo. Tampoco podemos olvidar otro factor muy importante en lo relacionado con el sector exterior y es la repentina pero firme tendencia de Brasil a entrar en una recesión económica (no olvidemos que Brasil es el principal socio comercial de Argentina).

Otros, sin embargo, opinan que el efecto es tremendo y que de no llegar a un arreglo con los fondos buitres la caída del PIB para 2015 podría ser de 4,5% y la de 2014 de 3% (esto es un caída del PIB de un 6% mas de lo previsto).

En lo financiero si está más claro que a partir del 30 de julio pasado y de la declaración de desacato se han agravado los problemas de financiamiento en Argentina. El principal problema de la Argentina hoy es obtener una capacidad de financiación que le permita producir tanto para exportar como para asegurar la demanda interna. Esta restricción (que no es nueva para el país y se explicaba muy bien en los años-70 con los conocidos modelos de “dos y tres brechas“) implica que el gobierno y las empresas tiene como prioridad cuidar y encontrar dólares que permitan este financiamiento.

En este sentido, aparece el primer dilema de cómo hacer la política económica mas acertada que permita financiar la economía en una situación de default selectivo: 1) el Gobierno (digo el ministro de economía y no así Fábrega, ex presidente del BCRA) regula cada día más; y, con ello pretende reducir entre otras cuestiones las importaciones (en septiembre el dato en tasa interanual es una caída del 20%) para que no haya sangría de dólares. Pero esto provoca más recesión y desempleo. Este mayor control ayuda a no devaluar y tratar de controlar una inflación (que a estas alturas ya nadie publica y que los observadores sitúan en un 40% y subiendo). Esta política genera su propios antídotos, como son la falta de liquidación de las cosechas agrícolas hasta que el dólar tenga otra paridad y con ello genere menos impuestos al Gobierno. Lo que implica un tendencia al déficit desbordante (sobre todo porque el sistema de subsidios no permite bajar el gasto). Por otra lado, están los partidarios de un ajuste cambiario que permita mejorar la ecuación exportación-importación, mejorar la recaudación y no entrar en pánico con las reservas. Pero todo tiene un precio y el de la devaluación puede ser un aumento de la inflación que lleve a niveles inmanejables y cercanos a la hiperinflación, caída en el corto plazo de reservas internacionales y subidas de los tipos de interés, lo que también genera recesión y desempleo.

2) En segundo lugar, la consecuencia de la novela de Griesa también afecta a lo social y a lo político pues, igual que siempre, CFK ha dividido a la sociedad entre “patria y buitres” y, en mi opinión esto puede desembocar en problemas sociales muy importantes hacia finales de año cuando las consecuencias del desempleo y la inflación se dejen sentir.

Queda un año para las elecciones presidenciales. Es mucho pero que mucho tiempo en las circunstancias económicas del país. Si en enero se llega a un acuerdo es posible que el financiamiento dé una tregua para llegar a los comicios. De no ser así y de agravarse alguna otra variable como Brasil, mucho me temo que la situación será insostenible pues con caídas del 4,5% del PIB, inflación del 50%, dólar blue 100% y aumento de desempleo no hay economía ni sociedad que pueda permanecer impasible. A estas alturas casi cualquier cosa que haga el gobierno llega tarde y mal. Y, sin expectativas favorables no es posible bajo ninguna circunstancias acertar en política económica.

3) Por último qué hacer: no está muy claro los caminos que se pueden seguir. En todo caso, los economistas y responsables políticos deberían estar pensando casi en una sola cosa: como superar la restricción externa y cómo parar la inflación. Este cóctel populista nunca termina bien, pero los experimentos neoliberales ensayados en Argentina no han sido mucho mejores si tenemos en mente lo que sucedió en 2001.

Carpe Diem

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Daniel Sotelsek